viernes, 21 de septiembre de 2012

Lo que falta en el informe del “Economist”



Por Egon Friedler
   
       La prestigiosa revista británica “The Economist”, considerada por muchos la mejor revista de información política y económica en el mundo, publicó en su número de fines de julio, un informe especial dedicado al judaísmo y los judíos. 
       La revista tiene una curiosa política en cuanto a la identificación de sus colaboradores: la mayor parte de sus artículos son anónimos. Solo en muy contadas ocasiones brinda los nombres de los autores, por ejemplo, cuando alguno de sus periodistas destacados se jubila o se muere, o, valga la diferencia, escribe un libro y un compañero lo reseña. En lo que respecta a los informes especiales en algunos casos figura el nombre del autor en otros no. En lo que atañe al informe especial que comentamos, la revista señala como su redactor a David Landau. Al lector no le quedan dudas de que se trata de un judío, por lo que cabe descartar cualquier sospecha de que exista ni el más mínimo prejuicio hostil.
         El informe es sumamente completo e interesante y da una imagen positiva y optimista de la situación de los judíos en el mundo. El trabajo consta de seis capítulos titulados “Judaísmo en la Diáspora” “Hospitalidad en el extranjero” “Judaísmo en Israel”, “Política israelí”, “Divisiones ideológicas” y “Mirando hacia delante”. El artículo, muy rico en diagramas y en números, deliberadamente omite todo análisis de los cambios que se están dando en el mundo árabe y de las eventuales consecuencias que podrían tener para Israel. Del mismo modo, no examina las amenazas existenciales que podría presentar al país una bomba nuclear iraní. Si bien contiene referencias ocasionales a problemas relativos a la posición internacional de Israel y no omite mencionar un tema como el crecimiento del antisemitismo en el mundo, se centra sobre todo en problemas internos atinentes tanto a Israel como a la Diáspora.
         Los subtítulos del informe pueden dar una idea de las ideas centrales que maneja su autor : “El judaísmo goza de un inesperado renacimiento. Pero hay profundas divisiones religiosas y políticas, la mayoría centradas en Israel”,  “Hay un buffet para todos los gustos….pero por favor no dejen el restaurante”,  “En una encuesta sobre creencias y prácticas religiosas entre los judíos israelíes, un 46% se definió como secular, pero solo un 16% dijo que no observaba ninguna clase de tradición”,  “La derecha religiosa y la política hacen causa común”, “Para la derecha israelí, existe un eje del mal que incluye tanto a los iraníes, como a los palestinos y los matones antisemitas en las calles europeas”,  “Muchos de los judíos de hoy, y probablemente muchos más mañana, están más allá de las viejas divisiones” “¿Quién es judío?  Algo menos obvio de lo que podría pensarse”, “Hay razones para tener la esperanza de surgirá una nacionalidad judía más moderada”, “ A cada joven judío en los Estados Unidos y en otros países de la Diáspora, se le ofrece un viaje gratuito de 10 días a Israel”.
       ¿ Cuáles son las principales conclusiones del trabajo? En su parte final, Landau expresa su confianza de que el crecimiento demográfico de los haredim (ultraortodoxos) inevitablemente va a llevar a que moderen sus posiciones y asuman posiciones más responsables en la sociedad israelí.
      En un editorial que expresa la posición oficial de la revista hay menos certidumbre que en la avaluación optimista de Landau. El título levemente irónico del editorial :”Recen por las palomas”, es sumamente elocuente, al igual que la frase final del artículo : “Una vez que los haredim deban cargar con su parte de las obligaciones nacionales creadas por el conflicto, su entusiasmo por la paz podría crecer lo que constituiría un hecho beneficioso para sus con-nacionales y para la región”. 
          Sin duda, compartimos los buenos deseos de “The Economist” respecto a la futura integración de los haredim en la sociedad israelí, aunque al igual que la revista no dejamos de tener dudas.
                                      
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           Con todos los méritos del trabajo de “The Economist” hay en él una omisión importante : la de los judíos sin Dios.
           Son muchos y su número crece, tanto en Israel como en la Diáspora. El artículo reconoce la diversidad como una característica creciente de la vida judía en Israel y en la Diáspora, pero omite señalar hasta qué punto las nuevas formas de la vida judía están reñidas con los dogmas de la ortodoxia así como el hecho de que un número creciente de judíos ha dejado de creer en la religión y en la existencia de Dios. Del mismo modo, omite señalar hasta qué punto el abuso del poder político de los haredim ha producido una actitud de rechazo en gran parte de la sociedad israelí, a tal punto que para muchos, el concepto mismo de judaísmo en el sentido religioso se ha convertido en una mala palabra. Por otra parte, la estrecha definición de “quien es judío” por el vientre materno, aplicada dogmáticamente por el establishment rabínico, es una fuente de profundo resentimiento social. No es de extrañar que quienes se sienten discriminados en nombre de Dios terminen de enojarse con quienes se atribuyen una presunta representación divina sin que puedan presentar la más mínima prueba. En el ínterin es bastante lógico que abandonen toda fe en la narrativa religiosa y en la figura central de esa narrativa. 
      Si bien el artículo de “The Economist” reconoce la existencia de la diversidad judía, no se dedica a explorar sus alcances. Una reciente película francesa “El tango de Rachevsky” analiza con humor e ingenio las incongruencias de las mil diversas maneras de vivir el judaísmo. Cada vez más la condición judía es una cuestión de elección individual, que tiene muy poco que ver con el Talmud, los rabinos o las sinagogas. En un  artículo publicado en “Times of Israel” el periodista judío norteamericano David Suissa señala que un creciente individualismo sustituye a la antigua fe en Dios y pregunta irónicamente ¿ Porqué creer en alguien a quién no se conoce en lugar de confiar en uno mismo, a quien se conoce mejor?  Y lo cierto es que en esta era post-moderna la identidad judía cobra las formas más diversas, desde el estudio del Yidish en las comunidades renacidas en Europa Oriental a los círculos de danzas israelíes en las comunidades judías de América, desde las ruedas de café dedicadas a “arreglar” los problemas del Medio Oriente a los intercambios informales de material de interés judío por Internet.  Más aún, hay toda una nueva categoría de judíos que podrían llamarse los judíos de Internet y cuyas vivencias judías no tienen nada que ver ni con la sinagoga ni con la visión ortodoxa de la vida judía.
     Por otra parte, aunque son los menos, no faltan los judíos sin Dios organizados. Los kibutzim no son hoy en Israel lo que alguna vez fueron. Pero la cultura laica que crearon está muy viva. Del mismo modo, aunque se trate de un fenómeno minoritario, las comunidades judías humanistas en los Estados Unidos constituyen una parte muy vital y activa del judaísmo norteamericano. Desde la fundación en 1965 de la primera comunidad judía humanista organizada por parte del rabino Sherwin Wine, trágicamente desaparecido en el año 2007, se han creado a lo largo y lo ancho de los Estados Unidos, numerosas comunidades con un judaísmo que trata de crear una nueva “Yidischkeit” que de alguna manera trata de poner al día un judaísmo cultural acorde a los profundos cambios tecnológicos y sociales del siglo XXI.  En ese espíritu se han creado nuevos marcos académicos. La figura del rabino laico que existe desde hace varias décadas  en los Estados Unidos es ahora un fenómeno que ha llegado a Israel, enriqueciendo y ampliando los marcos del judaísmo.  
           El aporte cultural de este movimiento ya se empieza a sentir. Por ejemplo, en el año 2007, con el apoyo de la Fundación Posen y con la dirección de Yirmiyahu Novel, Yaír Tzaban y David Shaham se editó una espléndida enciclopedia en cinco tomos dedicada a las diferentes manifestaciones de la cultura judía en los últimos doscientos años (en hebreo “Sman Yehudí Jadash : Tarbut Yehudit beidán Hajiloní).
           Sin duda, los judíos sin Dios deben enfrentar a la carga de una larga tradición. Pero en la historia judía el “apicoires” (no creyente) es un personaje de no menor antigüedad que el rabino. Como lo decía con un ocurrente bon mot, uno de los principales ideólogos del movimiento judío humanista en Israel, el Prof. Yacov Malkin : “Yo soy un judío tradicional. Mi abuelo era ateo, mi padre era ateo y yo lo soy también”.

La religión contra la historia



Por Egon Friedler
               El mundo judío sigue con gran atención la actual lucha entre la  ultraortodoxia y la mayoría laica en Israel. Esta confrontación constituye una singular ironía histórica, porque si bien el sionismo ha tenido muchos enemigos seculares en el seno del pueblo judío desde que Theodor Herzl lo creara a fines del siglo pasado, la  hostilidad más tenaz y persistente fue  la de la ultra-ortodoxia.  Para estos sectores profundamente conservadores y tradicionalistas, el sionismo constituía un nuevo falso mesianismo destinado a desviar al pueblo judío de su condición esencial de “nación religiosa”. Desde su punto de vista era un pecado muy grave tratar de crear un estado secular interfiriendo en los mandatos divinos que imponían la espera del Mesías y la creación de un país genuinamente judío o sea regido por las leyes de la Torá.  No se trató meramente de una oposición ideológica y religiosa y no se limitó a los sermones de los rabinos ante  sus feligreses. Fue una oposición política organizada que hizo todo lo posible no solo para impedir el crecimiento del movimiento en el seno de las comunidades judías sino también para frustrar su avance en el terreno internacional. Si bien el partido Mizraji,  fundado en 1911, adoptó una posición sionista y fue durante muchos años, junto con su sector obrero Hapoel Hamisraji, un fiel colaborador de los sectores seculares del sionismo, Mizraji nunca dejó de ser una minoría. El movimiento religioso más poderoso e influyente en el mundo judío desde su fundación en 1912 hasta la creación del estado de Israel fue Agudat Israel. No sólo que  Agudat Israel era una dura crítica del sionismo, sino que en la vida comunitaria en Europa Oriental a menudo hizo causa común con los asimilacionistas ya que consideraba que los sionistas eran un peligro mayor.
        Una historia hoy olvidada puede darnos una idea del grado de hostilidad existente entre el movimiento sionista y la ortodoxia anti-sionista. a comienzos de la década del veinte del siglo pasado. Los líderes de Agudat Israel protestaban regularmente ante las autoridades británicas en Palestina y ante la Liga de las Naciones por lo que consideraban “la opresión sionista”. El más extremista de los líderes de Agudat Israel era un holandés judío converso, Jacob Israel de Haan, partidario de la colaboración con los árabes nacionalistas contra el sionismo. Denunció violentamente al sionismo en mensajes dirigidos a diarios británicos y atacó la Declaración Balfour y a funcionarios del Mandato que consideraba afines al sionismo. Algunos de sus escritos se hacían eco de acusaciones antisemitas de rutina como la complicidad de los judíos con la revolución mundial  y su presunta responsabilidad por la derrota de Alemania y Austria en la Primera Guerra Mundial. Como si esto no fuera suficiente, solía ir vestido de árabe, algo más bien extraño para un dirigente de la ultra-ortodoxia judía. Fue asesinado el 30 de junio de 1924 por miembros de la Haganá, que actuaron por cuenta propia sin autorización del Alto Comando. Más tarde, Agudat Israel, luego de los disturbios anti-judíos en Hebron en 1929 y en toda Palestina en 1936, moderó su posición, sin cambiar básicamente sus ideas teocráticas.  En los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial y precedieron al surgimiento del Estado,  la posición extremista de Agudat Israel fue “heredada” por otros grupos como “Los guardianes de las murallas” ( Neturei Karta) que hasta hoy sigue siendo fervorosamente antisionista. Unos pocos grupos jasídicos como el de Satmar siguen en esa línea. El grupo jasídico más importante Habad Lubavich realiza una labor proselitista de gran envergadura en todo el mundo judío y no oculta sus simpatías por  los colonos de los territorios, situándose así en una posición de apoyo al nacionalismo extremista. Sin embargo, la teología sigue siendo más importante para Habad que la ideología. Su tema más importante de discusión interna es si su líder, el rabino Menajem Schneerson, fallecido en 1994, es o no el Mesías y si hay que esperar su resurrección o no.
          Teniendo en cuenta la compleja realidad en términos de seguridad y de política exterior, ese curioso orden de prioridades resulta más bien folklórico. Pero hay un tema con la ultra-ortodoxia que no es folklórico en absoluto : la evasión de los estudiantes de yeshivá del servicio militar. Hoy muchos historiadores concuerdan en que la aceptación por parte de David Ben Gurion de los reclamos de la ultra-ortodoxia sobre este tema fue el mayor de los errores del fundador del Estado.
         Imaginemos por un momento que la ultra-ortodoxia llegue a dominar el país y que la mayor parte de la juventud se incline por su estilo de vida. Parece una broma de mal gusto sugerir la posibilidad de que un ejército de estudiantes de academias rabínicas con sus características vestimentas negras, va a enfrentar con éxito a terroristas y a ejércitos árabes enarbolando la Torá como única arma. No menos grotesco sería el espectáculo de un pueblo judío en todo el mundo dando la espalda a la modernidad, rechazando la dedicación a las artes y las ciencias, dejando de lado cualquier preocupación universalista y encerrándose en las estrechas paredes de la sinagoga. Si el tradicionalismo ultra-ortodoxo hubiera ganado la partida a las corrientes de secularización del judaísmo a fines del siglo XIX no habríamos dado a la humanidad ni  un Einstein, ni un Freud, ni la legión de sabios, Premios Nobel o no, que hicieron avanzar de manera tan significativa a la humanidad en el siglo pasado.
      Pero lamentablemente el choque de la religión con la historia judía no se plantea tan solo con la ultra-ortodoxia, sino también con la mayoría de los sectores ortodoxos de Israel que han abrazado un peligroso extremismo nacionalista de carácter mesiánico.
        Hoy existe un amplio consenso en la sociedad israelí de que toda solución de paz con el pueblo palestino debe pasar por la devolución de la mayor parte de las tierras de Cisjordania. Entre la minoría en Israel que se opone, hay un pequeño sector de judíos nacionalistas seculares. Pero la gran mayoría de los nacionalistas extremistas pertenece a la llamada ortodoxia moderna. Si entre los opositores a toda concesión territorial, los no religiosos invocan sobre todo razones de seguridad, para los ortodoxos se trata de un tema religioso-ideológico.
      Los colonos de los territorios, que en su mayoría responden a esa tendencia, siguen las ideas del rabino Zvi Yehuda Cook (1891-1982) para quien existe un “lazo indestructible que une la tierra, la Torá y el Pueblo”. Inspirado por el Eclesiastés, textos talmúdicos y sabios como Najmánides, Yehuda Halevy y el rabino Loew de Praga, Kook dictaminó que todos los territorios liberados por el ejército de Israel pertenecían al pueblo por la eternidad. Por lo tanto, desde su punto de vista, la colonización de las bíblicas Judea y Samaria no solo es un derecho sino un deber.
      Si la evacuación de Gaza en el año 2005 fue traumática y las heridas que dejó no han sido restañadas hasta hoy, cabe plantear qué pasaría  en caso de ser alcanzado el tan deseado acuerdo de paz luego de largas y duras negociaciones. A nadie se le escapa que el precio será el desalojo de por lo menos la mayor parte de los territorios ocupados. ¿ Será posible evitar la violencia y el enfrentamiento entre hermanos? ¿ Podrá haber una evacuación ordenada y pacífica de los colonos?  ¿ Será posible realizar ese difícil proceso sin que el acuerdo con los palestinos se resienta?
      La frustración del proceso de paz por la oposición de los colonos puede tener consecuencias desastrosas. No se requiere ser un demógrafo avezado para comprender  que un estado unificado de Israel con la Margen Occidental será dentro de pocos años un estado de mayoría árabe con la obvia consecuencia del fin del sueño de un país judío.
       En suma, si la ultra-ortodoxia amenaza al futuro del estado judío por su inadecuación a las necesidades de un país asediado por enemigos, la ortodoxia sionista militante constituye una amenaza no menos seria por su aferramiento a territorios que Israel no puede retener si realmente desea alcanzar la paz con los palestinos y el mundo árabe.
                    

             Un falso axioma acerca de la religión judía como principal fuerza de conservación de la unidad del pueblo judío en la Diáspora sigue circulando tanto en Israel como en distintas comunidades judías en el mundo. Si esta idea fue válida en líneas generales hasta la Emancipación, en distintos momentos del siglo XIX,  ha dejado de ser vigente hace mucho. Desde las últimas décadas del Siglo XIX hasta el advenimiento del Estado de Israel, las fuerzas mayores de cohesión fueron por una parte, las ideologías judías seculares como el sionismo y el socialismo bundista y por otra, el antisemitismo y el rechazo a los judíos por parte de las sociedades europeas. Desde 1948 hasta hoy no cabe duda que el mayor factor de cohesión judía ha sido el Estado de Israel, por más que ello haya causado desesperación a todos los enemigos del nacionalismo judío, desde la ultra-ortodoxia a los izquierdistas asimilados,  abanderados de un virulento auto-odio. Israel, da tanto a quienes lo quieren como a quienes se resisten a ello, un fuerte marco de identidad y así lo ve la abrumadora mayoría de la humanidad.
     Hoy es obvio que la religión judía como elemento de identificación judía se ha debilitado considerablemente. Más aún, no solo no es un factor de unión sino de desunión.  La negativa de los grupos ortodoxos y ultraortodoxos enquistados en el poder religioso en Israel, a otorgar reconocimiento a las otras corrientes religiosas del judaísmo, como el reformismo, el conservadorismo y el reconstruccionismo, les quita toda autoridad moral a considerarse un factor aglutinante en el pueblo judío. Asimismo es evidente que su rechazo a las evidencias de que la mayor parte de los judíos no se autodefinen como tales en función de la religión, los descalifica como fuerza rectora en la vida judía. No puede liderar quien se niega a reconocer la realidad en toda su complejidad y todos sus desafíos. Los enormes cambios en el mundo nos exigen flexibilidad, dinamismo para adoptarnos a circunstancias nuevas, audacia para buscar caminos nuevos sin abandonar las raíces de nuestra tradición y cultura.
        Por ello, el impulso creativo de un laicismo judío, militante y creativo, con hondas raíces en la cultura judía e israelí, es una imperiosa necesidad histórica y sin él no hay futuro para el pueblo judío.  Las formas que debe asumir ese laicismo es un tema aparte, que merece ser analizado por separado en profundidad.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Saludo por Rosh Hashana 5773



En nuestra literatura clásica se atribuye al sabio Hilel el pensamiento sobre el que se basa uno de los principios de la cultura judía humanista: No hagas al próximo lo que es odioso para ti (Talmud de Babilonia, Shabat, 31a).

En estos días de comienzo de año y reflexión, me acuerdo de esta máxima cuando pienso en cosas buenas para desear a mis amigos.

Les deseo que en este nuevo año las personas cercanas se comporten con ustedes tal como ustedes se comportaron con ellos, es decir con amor, compasión, comprensión, humor y respeto.

Pero tal como Rosh Hashaná es un evento que se proyecta al futuro, hacia el nuevo año, Iom Kipur nos llama a mirar para atrás, nos convoca a reflexionar y evaluar nuestros actos. Y entonces debemos pensar si realmente nos comportamos de acuerdo al consejo de Hilel.

¿Qué ocurrirá con todos los que no siguieron su consejo? Por ejemplo que se enriquecieron de la producción en empresas exitosas gracias a la producción de sus empleados pero en momentos de dificultad los despidieron en vez de apoyarlos hasta que pasen utilizando parte de las ganancias que obtuvieron gracias a ellos; o con aquellos que piensan que son dueños de toda la verdad y que deben imponerla sobre todos por la fuerza, aun matando; o con los que exigen que sus derechos nacionales sean respetados pero pisotean los ajenos; o con los que demandan invocando el pluralismo que sus ideologías sean respetadas pero no respetan las de los demás; o aquellos que exigen el respeto de su familia pero ellos mismos las afrentan a veces en forma fatal. Para todos ellos y muchos otros similares mis deseos serán una maldición.

Por lo que les deseo que su reflexión y la evaluación de sus actos les ayude a ser conscientes de sus actos y que deseen cambiar su actitud tan siquiera un poco.

Y a todos mis amigos les deseo que tengan un nuevo año en el que continúen haciendo el bien al prójimo, que la armonía reine en vuestro entorno y que vuestras vidas estén plenas de alegría, salud, amor y paz.
Efraim

Rabino Dr. Efraim Zadoff
Rabino laico humanista
Ceremonias judías laicas

Renace el Judaísmo Laico



Luego de décadas en que los judíos libres del “cumplimiento de las mitzvot” dejaron el judaísmo en manos de las corrientes religiosas, ya sean las ortodoxas o bien las más liberales y modernas, el siglo XXI es testigo del apasionante renacimiento gradual y paulatino del judaísmo secular.
El pormenorizado análisis del autor, desmenuza desde el proceso sociológico que integra al mismo tiempo la idea de la aldea global con el comunitarismo y las particularidades, hasta los comienzos históricos del llamado judaísmo rabínico y el porqué la palabra “rabino” también puede ser utilizada como un término laico.

Por Lic. Andy Faur
Al cabo de muchos años en que aquellos miembros de la comunidad que se sienten libres del cumplimiento de preceptos religiosos de origen divino, llámense mitzvot, dejaron el judaísmo en manos de las corrientes ortodoxas, por un lado, y también en las de corrientes religiosas más liberales y modernas por otro, varios sectores de este judaísmo libre han decidido tomar el “toro por las astas”, que no significa sino revitalizar otra alternativa de identificación étnica y cultural claramente mayoritaria, válida, legítima, abierta, pluralista y humanista.
Ya casi nadie cree en la fórmula mitológica de que existe "un judaísmo" (el ortodoxo-halájico-rabínico, vale aclarar), y la estructura de las sociedades actuales y las comunidades de Occidente permiten la existencia de una variedad de judaismos, en donde cada uno aporta desde su particularidad a esta diversidad cultural.
Hablando particularmente del judaísmo secular, en la última década se crearon: Ieshivot laicas, Beit Midrash de estudios judíos humanistas, grupos de estudio de espíritu pluralista, con gran cantidad de sitios de internet que se ocupan del tema. El público judío laico, humanista, progresista y liberal busca alternativas no religiosas a su identidad cultural, y hay para los mismos cada vez mas espacios y alternativas.
Pero, ¿qué es lo que propone este judaísmo como cultura? Lo que propone es una visión amplia, pluralista y crítica del judaísmo, basada tanto en sus fuentes históricas como en la creación cultural judía moderna y contemporánea. Es una cosmovisión abierta e incluyente de los judíos, en donde cada uno pueda expresar el judaísmo como lo entiende y en forma igualitaria.
Lo central aquí es el trabajo sobre los contenidos judíos. El rescate de la pluralidad de fuentes a través de la historia del pueblo hebreo, de las tradiciones y su re-creación constante.
Se definiría como la forma de ver el judaísmo en "Technicolor", en una variedad de colores y no solo "en blanco y negro", como hay ciertos sectores que nos lo quieren hacer ver.

Desde sus orígenes históricos, el judaísmo siempre fue variado, heterogéneo, plural, contradictorio. Esto lo podemos verificar en casi toda la literatura creada por los judíos a través de las generaciones: En la Biblia y en el Talmud, en la Mishna y con los sabios, las discusiones entre rabinos, las distintas respuestas a una misma pregunta, una variedad infinita de tradiciones y costumbres, grupos, corrientes y versiones diferenciadas a través de todo su devenir. Ni hablar de lo que es y representa el judaísmo en la actualidad...
El judaísmo laico implica una visión actual, adaptada, que integra los valores culturales humanistas de la sociedad occidental moderna junto a las fuentes, la historia y las tradiciones milenarias de nuestro pueblo.
Y a partir de esta definición, ¿quién es un judío laico? Es toda aquella persona que se define como tal, que se siente parte a la historia y del destino del pueblo judío, que entiende que el judaísmo es su cultura histórica y nacional, y que su identidad no está supeditada ni sometida a preceptos de origen divino, pero que a su vez le importa y cuida de las tradiciones, valores y festividades que son parte integral de su moderna y variada identidad cultural.
En estas épocas de globalizaciones y multiculturalismos, estamos siendo testigos de un fenómeno sociológico simultáneo: por un lado, las personas quieren ser "parte del mundo", de la "aldea global"; y por el otro, hay una búsqueda intensiva de comunitarismo y de particularidades. Y este fenómeno no exime a los judíos. Tanto en Israel como en la diáspora, los judíos están sedientos de identidad y van en busca de alternativas y respuestas. Así, estamos presenciando el fortalecimiento de los sectores ortodoxos más fundamentalistas y retrógrados, al mismo tiempo que surgen comunidades y versiones New Age, y tambien el judaísmo laico aparece como una alternativa real y válida para aquellos que se identifican con la misma.

Y así como no hay un sólo judaísmo, tambíen "la comunidad judia" clásica, como la conocemos desde hace más de un siglo y medio, está terminando su ciclo histórico y se está pasando a una etapa en donde los judíos se van reorganizando y agrupando en "comunidades judías" de acuerdo a sus preferencias, ideologías, identidades, etnias y demás. Lo que llamaríamos "una comunidad de comunidades" y en donde el judaísmo laico ocuparía un lugar importante, sino para todos, por lo menos para una gran parte de los judíos que se identifican y quieren vivir como tales.


Los rabinos laicos humanistas
Si bien a priori la idea de un rabino laico puede parecer una paradoja, un oxímoron, haciendo un poco de historia se puede entender mejor el tema. Es necesario ir a las fuentes para ver los comienzos del término "rab" o "rabino". Dicho concepto, que no existía en la época bíblica, se comenzó a utilizar en forma corriente a partir del exilio y la diáspora posteriores a la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén, en el año 70 e.c., a la par de la conformación de las nuevas "comunidades" que se iban creando a medida que los judíos exilados llegaban a distintos países y se instalaban en ellos. Estas nóveles agrupaciones de judíos necesitaban de un liderazgo político, comunitario y religioso, y los encargados de esta última parte pasaron a denominarse "rabinos".

La primera vez que encontramos este concepto en forma específica data del siglo II de la e.c., en la Mishná. Allí se refiere a un "rab" básicamente como maestro, aquel que enseñaba a sus discípulos las fuentes y las nuevas costumbres y tradiciones judías. Con el correr de los siglos, el rol de rabino fue ampliándose y se convirtió en líder religioso y conocedor e interpretador de las fuentes y la ley judía; por ende, en autoridad reconocida en asuntos de "judaísmo". Es interesante notar que dicho rol se fue implementando paralelamente al desarrollo de la "religión judía", que se empezó a conformar en dicha época, a partir de la necesidad de los judíos dispersos de encontrar sustituto a la vida diaria que llevaban en Eretz Israel, que giraba alrededor del Templo y sus rituales (sacrificios, peregrinaciones y demás).
Ahora, que el Templo ya no existe y el centro espiritual y político de los judíos fue destruido, surge la necesidad de reemplazarlo. Este reemplazo se realizó en varios ámbitos y en forma gradual: la sinagoga, como lugar de culto, tomó el lugar del Templo; los rezos, el lugar de los sacrificios; las festividades, el lugar de las peregrinaciones y donaciones; y, por supuesto, están los rabinos, que tomaron el lugar del Sumo Sacerdote y sus lugartenientes como autoridad reconocida. Estos fueron los comienzos históricos del llamado judaísmo rabínico que, con ciertas modificaciones, es el que conocemos hasta el día de hoy. Los "rabinos" de aquellas épocas (sabios, ancianos y gente de jurisprudencia halájica), fueron básicamente los encargados de crear y adaptar este “nuevo judaísmo” a las nuevas condiciones de vida de los judíos en los distintos países, y es por ellos que el concepto quedó tan arraigado a lo religioso y lo ritual, a pesar de que su origen es otro.

En la antigüedad llegaron a existir tres denominaciones para este rol, dependiendo del origen: Rabán, concepto usado por la escuela del sabio Hillel; Rabí, de las escuelas galileas; y Rab, de las escuelas orientales de origen y tradición babilónica. Las últimas dos se distinguían por el rito de ordenación. En Galilea no se requería Smijáh (ordenación rabínica formal), mientras que en la otra sí. De este modo, eran conocidos los dirigentes de las sinagogas judías, aunque a otros todavía no ordenados, pero reconocidos como autoridades, se les llamaba Talmid Jajam (Discípulo del sabio).

A partir de la era moderna, del siglo XIX en adelante, la función del rabino pasó a ser la de guía espiritual y organizador comunitario en el sentido más amplio del concepto. Un rabino se ocupa de ayudar a los judíos a desarrollar su vida espiritual y cultural de acuerdo a sus necesidades y convicciones respecto a su identidad judía. Los orienta y ayuda a celebrar los eventos del ciclo de vida, como ser nacimientos, maduración, casamientos, como así realizar ceremonias de entierro y duelo. También instruye a festejar y dirige los eventos del calendario hebreo.

Como vimos más arriba, originalmente el rol de rabino no tiene necesariamente relación con el culto religioso. Por un lado, el rabino es un funcionario comunitario; y por otro, gran parte de las expresiones religiosas de la cultura judía, como ser rezar o la misma realización de ceremonias como el casamiento, no necesitan obligatoriamente de la presencia de un rabino, sino simplemente la de un minián. Rabino entonces es el término con que la cultura judía denomina al "guía, maestro, autoridad intelectual o quien brinda apoyo espiritual".

Ya a mitad del siglo XVII empezamos a ver los primeros testimonios de judíos críticos de las convenciones de entonces, quienes intentar ver y analizar el judaísmo desde una perspectiva abierta y libre de preconceptos. De más está decir que el exponente más conocido, profundo y creativo de esta tendencia, fue el filósofo judío-portugués-holandés Baruj de Spinoza.
A partir de entonces y hasta el día de hoy, se suceden cantidad de escritos y pensamientos, que intentan ver al judaísmo en forma crítica, abierta y pluralista. Lo que nunca pasó es que este judaísmo (a diferencia de las corrientes religiosas modernas como la reformista o el movimiento conservador) se transformó en una "corriente" orgánica, organizada y establecida como tal.

Entiendo que nos encontramos en una etapa histórica particular, en la que se está conformando y estableciendo una "nueva-vieja" corriente dentro del judaísmo, la laica-secular-humanista, que va tomando fuerza y vigor tanto en Israel como en distintos países de la diáspora.
¿Y que tiene esto que ver con los rabinos laicos? Los judíos laicos, al igual que el resto, tienen necesidad e interés de vivir, festejar y desarrollar su identidad judía particular. Y así llegamos al punto de entender que si un movimiento quiere conformar una corriente y fortalecer y desarrollar comunidades judías laicas-humanistas, tiene la necesidad de formar y poner a la cabeza de las mismas a líderes capacitados, ya sea cultural, organizacional y profesionalmente, y a estos los denominaron "rabinos laicos - humanistas".
¿Y por qué llamarlos rabinos entonces? ¿Por qué no llamarlos guías espirituales, líderes, directores, etc.? Creería que por dos razones básicas: la primera es que el judaísmo laico intenta retomar y recrear las raíces del judaísmo histórico, y hemos visto como el término que utilizó la cultura judía para nombrar a un líder, maestro o guía de la comunidad, es el de "rabino", y por ello es que lo toma. Por otro lado, viendo como este término ha sido desvirtuado de su significado original y vinculado exclusivamente al ámbito religioso del judaísmo, es una buena oportunidad de devolverlo a su concepción primigenia y demostrar que también se lo puede utilizar como un término laico, sin quitar méritos ni menoscabar a nadie.

Hoy existen en el mundo dos institutos de formación de rabinos laicos-humanistas, que funcionan bajo la supervisión del Instituto de judaísmo laico humanista. El primero y más antiguo está en Detroit, EE.UU. Fue fundado en 1985 por Sherwin Wine z"l, creador del Movimiento judío laico humanista, que ha formado ya más de 50 personas entre rabinos humanistas, educadores y líderes. El segundo es Tmura, que funciona en Jerusalén desde el año 2004, y que ya ha ordenado a 24 rabinos, todos ellos en funciones.

Sólo el tiempo nos dirá si el movimiento judío laico humanista se transformará en una corriente viva y relevante dentro de Israel y las comunidades de la diáspora, y si sus rabinos tomarán posiciones importantes y relevantes tanto a nivel ideológico como de contenidos y se la podrá contar entre las opciones válidas y legítimas para una gran parte de los judíos del mundo que se definen como tales.


El autor es educador, confrencista y columnista.Es Sociologo y tiene un M.A. en el área de Judaísmo Contemporáneo.Andy.faur1@gmail.com